Una cosa importante: en cierta medida la energía que un ser vivo necesita para sobrevivir puede entenderse (desde un punto de vista sistémico) como “información”. Esto es, todo ser vivo para superar los obstáculos que su entorno le impone, requiere información eficaz que le ayude a tomar las decisiones que le permitan mantenerse con vida.
Desde este punto de vista se puede asegurar que la información se convierte en conocimiento cuando un ser a partir del aprendizaje repite operacionalmente las conductas, inferencias y decisiones que lo mantienen vivo. Lo cual entre muchas otras cosas nos indica algo clave: que poseer información es básico para sobrevivir y desarrollarse. Y que aprender y obtener conocimiento, también.
Pero, ¿qué es la información? En un sentido muy amplio, la información son “datos”
[1] o noticias sobre algún fenómeno de la “realidad”. Por su puesto, se trata de un conjunto de datos que se obtienen a partir de la experiencia del mundo sensible. Esto es, la información humana se obtiene siempre a partir de los “sentidos”, o a partir de aquellos procedimientos o instrumentos que “extienden su potencia y radio de acción”: las técnicas de investigación”. Lo cual nos da pie para reflexionar sobre los dos grandes niveles de construcción de información/conocimientos: la doxa y al episteme.
LOS DOS GRANDES NIVELES DE EXPLICACIÓN HUMANA: LA DOXA Y LA EPISTEME
En términos generales, se puede decir que existen por lo menos dos grandes niveles de construcción de “explicaciones”. El nivel del llamado “sentido común” (el nivel de la doxa, esto es, la “opinión general”, el nivel menos profundo, menos auto-crítico y especializado) y el nivel de la filosofía y la “ciencia” (la episteme, nivel más sistematizado, metódico, reflexivo, controlados y auto-crítico donde los juicios por norma son sometidos al diálogo y la crítica fundamentados en las leyes de la lógica o en evidencias empíricamente comprobables). Y aunque es importante aclarar que “esta distinción entre el saber-doxa y saber-episteme...parece más fundamental que la distinción ya tradicional entre el conocimiento vulgar y el conocimiento científico”
[2], es vital que de entrada definamos que entendemos por cada una.
Según Gustavo Tellez la “doxa” es el...
“....conjunto de opiniones comunes, creencias establecidas, ideas recibidas que se aceptan sin discusión. Se dice también del sentido común”
[3].
Por su parte, Ezequiel Ander-Egg ha señalado que....
“Según Platón, la doxa y opinión es apariencial y se contrapone a la ciencia y el saber verdadero. La recta opinión es el sentido común, pero no un saber verdadero. La recta opinión es el sentido común, pero no un saber cierto. Para Séller, la doxa no puede ser separada de la acción práctica, en ella está única y exclusivamente su verdad. Pero no en la praxis como totalidad, y ni si quiera en un conjunto relativamente grande de acciones, su verdad, por el contrario, se muestra cada vez en tipos particulares de acciones concretas conseguidas....Por el contrario, la episteme, no constituye nunca un saber relativo a una sola cosa, sino que es un saber sobre una cosa en relación con otras cosas (conjuntos). Esta actitud no es práctica, sino teorética. Conocer un fenómeno en el plano de la episteme no significa simplemente poder reaccionar ante él (o bien saber producir), sino conocer la conexión que lo liga a otros fenómenos, captar el puesto que ocupa en el sistema de otros fenómenos...Mientras la doxa, como el saber cotidiano, es indemostrable e irrefutable en sus datos y preceptos, la episteme –como saber de la ciencia- posee un doble sistema de referencia. Por un lado (sus verdades) deben ser válidas en la realidad (praxis) y por otro lado deben ser situables dentro de un determinado sistema cognoscitivo”
[4].
En otras palabras, el llamado sentido común, ingenuo y auto-referencial, implica un “cierre lingüístico” a nuevos significados y casi siempre expresa algún tipo de conocimiento individual, particular, no sistemático, acrítico, construido a partir de las experiencias y vivencias particulares. La episteme o ciencia por el contrario, a partir del diálogo, la lógica, la argumentación y la crítica, implica un proceso constante de cierre (respuestas) y apertura (preguntas), de creación y negociación sobre nuevos significados, aprendizajes, hallazgos y evidencias. Lo cual no debe hacernos olvidar que...
...una actitud científica hace a la persona más persona, puesto que, frente a los problemas de la vida cotidiana (desde los más personales o aquellos que o, implicaciones o se derivan de las situaciones políticas, culturales, sociales y económicas, pasando por las innumerables cuestiones que tienen que ver con la vida en convivencia), tener una actitud científica es, también, una aptitud general para tratar problemas, relacionar las cosas y para evitar las superficialidades, la “opinionitis” acerca de todo lo existente y decir las cosas simplemente porque se dicen
[5].
[1] Los datos, son, “en general, el punto de partida o la base de una investigación cualquiera, el elemento, el antecedente, la situación de la cual se parte o que se toma como punto de apoyo para plantear un problema, efectuar una indiferencia, formular una hipótesis. El dato por lo tanto, tiene carácter funcional; lo que se toma como dato para un determinado tipo u orden de investigaron puede ser, a su vez, puesto como problema para otro tipo u orden de indagación”. Abggnano, Diccionario de Filosofía, FCE, p 278-279.
[2] Ander-Egg, Ezequiel (2001). Capítulo I. En el libro Métodos y técnicas de investigación social. Acerca del conocimiento y del pensar científico. Grupo Editorial Lumen. Hvmanitas. Buenos Aires Argentina-México. p 47.
[3] Tellez Iregui, Gustavo (2002) Pierre Bourdieu. Conceptos básicos y construcción socioeducativa, Universidad Pedagógica Nacional, Educadora de educadores, Bogota, Colombia, p 206
[4] Ander-Egg, Ezequiel (2001). Capítulo I. En el libro Métodos y técnicas de investigación social. Acerca del conocimiento y del pensar científico. Grupo Editorial Lumen. Hvmanitas. Buenos Aires Argentina-México. p 47
[5] Ander-Egg, Ezequiel (2001). Capítulo I. En el libro Métodos y técnicas de investigación social. Acerca del conocimiento y del pensar científico. Grupo Editorial Lumen. Hvmanitas. Buenos Aires Argentina-México. p 129